Microuniversos
Una creatividad desmedida
Los «me gusta» en redes sociales nos hacen creer que hay alguien al otro lado escuchando y leyéndote. Pero cuando apenas hay reacciones, sentimos que hablamos para un vacío digital donde van a parar millones de palabras cada segundo. Tal vez ninguna de las dos cosas sea del todo cierta.
En cualquier caso, mi última publicación sobre art brut ha recibido una calurosa acogida en forma de miles de «me gusta», así que quiero aprovechar este pequeño eco para hablarte más a fondo de un tema que me apasiona.
Un mundo interior
Uno de los gestos que más destaca del art brut para quien observa es la creación de microuniversos. Nos referimos a mundos imaginarios, normalmente reflejo de mundos internos, que obedecen sus propias leyes. Lo que allí sucede responde a una lógica íntima y no tiene por qué parecerse, ni tampoco diferenciarse por completo, de la realidad tangible.
En una encuesta realizada por la web Neuroclastic a unas 200 personas autistas, un 90 % afirmó tener diálogo y/o mundo interno: un espacio donde tu funcionamiento es el único posible y las normas obedecen a tu propia lógica. Y donde casi siempre tienes la razón, todo sea dicho.
El diálogo interno lo constituyen pensamientos sin filtro que nos ayudan a ordenar las ideas y ensayar conversaciones, mientras que el mundo interno requiere de más elaboración, si bien ambos responden a un pensamiento interno.
En el art brut, los microuniversos resignifican los eventos vitales de cada artista —momentos felices y traumáticos—. Al igual que los intereses especiales en las personas autistas, estos microuniversos abren la puerta a un mundo que a muchas personas psiquiatrizadas se les ha negado.
El encierro físico se desvanece en universos donde la libertad reina.
Donde nace la fantasía
El mito del «genio loco» ha sido ampliamente discutido por la literatura científica, así como la supuesta relación entre depresión y creatividad. En ambos casos, esa supuesta relación tiene más que ver con el romanticismo que con la realidad. No es algo que pretenda desarrollar aquí, pero la creatividad —que podríamos definir como la mezcla de novedad y utilidad— resulta difícil de medir. Más aún si hablamos de una consistencia histórica que nos permita llegar a conclusiones.
Lo único cierto es que crear tiene efectos positivos sobre nuestra salud física y mental.
Quizás, entonces, esa conexión entre la melancolía y la creatividad provenga de una búsqueda inconsciente del placer creativo, como quien busca su dosis de bienestar. O puede que sea en momentos de tristeza cuando más conectamos con nuestras emociones.
Al fin y al cabo, la creatividad consiste en conectar y conectarse. A lo largo del día, nuestro cerebro transita entre distintas redes de funcionamiento, dependiendo de lo que el entorno requiera de nosotros. En cambio, en reposo, se activa la red neuronal por defecto, constituida por el conjunto de regiones cerebrales que se conectan cuando nuestro foco no está puesto en el entorno. Esta red se relaciona con la narrativa autobiográfica, el diálogo interno y la noción del yo. En la esquizofrenia, por ejemplo, se observa una hiperactividad de esta red —de ahí la creencia de que las personas esquizofrénicas o autistas están «encerradas en sí mismas»—.
Los estudios de neuroimagen indican que las personas creativas tienen más dificultades para salir de la red neuronal por defecto, de manera que se mezcla con otras redes neuronales —en total, existen 6 distintas—. Según algunos autores, la incapacidad de suprimir procesos cognitivos que no son totalmente necesarios favorece la conexión entre ideas que pertenecen a distintas redes neuronales. Es como tener varios libros abiertos al mismo tiempo.
Tipos de microuniversos
Todas esas interferencias y conexiones van creando universos a escala en nuestra mente. En el art brut, los artistas materializan los mundos interiores en microuniversos, sirviendo de puente entre el mundo interior y exterior. Uno seguro, y otro que no lo es.
De pequeño me encantaba escribir relatos fantásticos, no para contar una historia, sino para crear mundos —la mayoría eran copias de El Señor de los Anillos—. A muchos autistas nos atrae la fantasía, la ciencia ficción, los videojuegos, el «¿y si…?», etc., porque hemos pasado la vida recreando conversaciones e imaginando cómo sería ser otra persona.
En el art brut, estos microuniversos suelen seguir ciertos patrones:
Mapas: los mapas esquematizan el mundo, transformándolo en un conjunto de símbolos planos que se pueden controlar. Las unidades hacen de la naturaleza algo manejable y predecible. Muchas de estas cartografías pueden resultar caóticas para quien mira, pero, paradójicamente, ordenan el caos para quien las traza. Josef Heinrich Grebing, que se dedicaba al mundo de los negocios, tuvo una crisis que acabó con él en el psiquiátrico. Utilizando sus viejos cuadernos de contabilidad, creó un sistema-mundo para tratar de ordenar ese mundo que se había derrumbado ante sí. Como muchos otros internos de larga duración, fue asesinado por el nacionalsocialismo alemán.
Atlas: un atlas es una colección de láminas descriptivas, desde mapas hasta animales. Josep Baqué, que trabajó durante años como guarda urbano en Barcelona, creó un bestiario con más de 1500 criaturas quiméricas. La serialización juega un papel importante a la hora de coleccionar y acotar la monstruosidad —la externa, la que se encontraba en las noches de guardia—. En mi infancia, la serie Pokémon cumplió un papel similar: coleccionar, constatar que el mundo es finito y abarcable mientras tenía el poder de inventar más criaturas fantásticas.
Diagramas de funcionamiento: los engranajes, conexiones, codos y recovecos causan una gran fascinación a muchos artistas brut. Las máquinas —que se vuelven esculturas— conectan piezas desechadas por la sociedad para crear una entidad mucho más comprensible, que responde a una causalidad. El artista Andrés Fernández, cuya obra se centra en mapas y cartografías, tiene una serie de obras que conceptualizan aspectos de la vida como un videojuego; de tal manera que, por ejemplo, el parto se estructura en pantallas o fases.
Nebulosa de palabras: las palabras cumplen muchas funciones en el art brut. En ocasiones, a modo de estereotipia, se repiten en un lienzo. En otras, se acumulan formando una colección. Sin embargo, las palabras no siempre pertenecen a un idioma oficial y reconocible por el resto. Tampoco se refieren a las cosas que habitualmente suelen nombrar. Charles Benefiel, diagnosticado de trastorno obsesivo-compulsivo, utiliza puntos y círculos en un «lenguaje sordo» que sustituye a las palabras. Gelabert, en cambio, toma como referencia lo local para explicar el mundo: lo que ocurre en el patio del manicomio explica el resto del mundo. Algo que, en esencia, es profundamente humano.
Conclusiones
La palabra «autista» hace referencia al ensimismamiento que los primeros psiquiatras creían observar en sus pacientes con esquizofrenia. De hecho, el término nació como un síntoma de esta condición, antes de que esa misma palabra se utilizara para nombrar a lo que conocemos como autismo.
Ese ensimismamiento siempre ha sido interpretado como una desconexión de la realidad, cuando es más bien una re-conexión. La preponderancia de los circuitos neuronales encargados de la narrativa personal y del yo en ciertas neurodivergencias nos convierte en la literalidad del ensimismamiento. No obstante, lo hacemos precisamente para tratar de construir un puente que nos conecte con la realidad. Erigimos el mundo de dentro hacia afuera, partiendo de un mundo interior tejido con detalles. Nuestra narrativa empieza en la seguridad de nuestro diálogo para alumbrar y entender mejor el contexto. Para poder pasar página y continuar con la historia.
No estaba ausente, estaba creando mundos.
Referencias
Acar, S., Tadik, H., Myers, D., Sman, C. van der, & Uysal, R. (2020). Creativity and well-being: a meta-analysis. Journal Of Creative Behavior, 55(3), 738-751. doi:10.1002/jocb.485
García, G., Art Brut: La pulsión creativa al desnudo, Sans Soleil Ediciones, 2018.
Hu ML, Zong XF, Mann JJ, Zheng JJ, Liao YH, Li ZC, He Y, Chen XG, Tang JS. A Review of the Functional and Anatomical Default Mode Network in Schizophrenia. Neurosci Bull. 2017 Feb;33(1):73-84. doi: 10.1007/s12264-016-0090-1. Epub 2016 Dec 19. PMID: 27995564; PMCID: PMC5567552.
Kaufman, S. B., & Paul, E. S. (2014). Creativity and schizophrenia spectrum disorders across the arts and sciences. Frontiers in psychology, 5, 1145. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2014.01145
Padmanabhan, A., Lynch, C. J., Schaer, M., & Menon, V. (2017). The Default Mode Network in Autism. Biological psychiatry. Cognitive neuroscience and neuroimaging, 2(6), 476–486. https://doi.org/10.1016/j.bpsc.2017.04.004







Qué fascinante el trasfondo que revelas y que dignificante a la vez.
Y sí, no estás escribiéndole al vacío ni a tu ser interno solamente. Estamos acá, buscándonos a través de la marea digital.
Muchas gracias
El artículo que Erik Aostri @Neuroverbo publico en su nwsletter sobre art brut, me encanto, he vuelto a entrar y he visto, que igual que me gusto a mi, tiene 3.500 "me gusta" una barbaridad que habla de la calidad del artículo, pero es que este nuevo artículo, publicado en su nwsletter, para mi supera al de "art brut" me parece magnifico, lo mismo que recomendé "art brut" recomiendo este.